Reflexiones sobre la fiesta nacional

Soy taurino desde niño.

Mi padre, no sé si consciente o inconscientemente, de pequeño me empezó a llevar a alguna novillada, al bombero torero y a algún otro espectáculo relacionado con el mundo taurino.

Mi hermano era danzante de Huesca, y entonces, le regalaban entradas para las novilladas de la feria que él le pasaba a mis padres y con ellas acudíamos a verlas. Yo, de pegote, naturalmente.

10 de agosto 2013 - Con Morante de la Puebla en Huesca

10 de agosto 2013 – Con Morante de la Puebla en Huesca

En algún viaje a Barcelona, para pasar unos días con mi hermano Rafa (hoy mi hermano el cura), que entonces era maestro en los hermanos Maristas de Barcelona, recuerdo que me llevó a alguna novillada en la Monumental. ¡Que maravilla!

De todo ese comienzo viene mi afición.

Recuerdo que de crio tenía una muleta (amago), y que con ella jugaba a toros con los chavales de la escalera. Yo era el matador, naturalmente, aunque tampoco le hacía ascos a hacer de toro, porque yo, naturalmente, sabía embestir, no como esos tontos que solo hacían por cogerte.

Lo que quiero decir es que yo he ido madurando la afición desde pequeño y que ahora, llegado este punto de madurez, por lo menos personal, es el momento de plantearme una serie de pensamientos que me gustaría que también fueran motivo de planteamiento personal por el resto de gente que formamos parte del mundo del toro.

El primer punto sería plantear quien es este “mundo del toro”.

El mundo del toro somos todos.

Los toreros (los que más se ven), los empresarios, los ganaderos, la autoridad, los empleados de plaza (entre los que me incluyo como médico), los periodistas, la gente que las pone, los aficionados (entre los que también me incluyo), la gente “que sabe”, la gente que “parece que sabe”, los que siempre van de gorra, los que nunca pagan una entrada, en fin, mucha gente, pero de verdad, a los que de verdad habría que hacer caso es a los que pagan su entrada religiosamente.

Hay gente que paga entrada de barrera de sombra en Madrid, a 150€ (es un decir), o andanada en Torrelodones a 6€ (es otro decir).

Todos ellos tienen un por qué y un derecho a decidir, y es a los que menos caso se les hace.

¿Valen más los 150€ de Madrid que los 150€ de Torrelodones?

¿Por qué los toros no son los mismos?

¿Por qué los toreros no se lo toman igual?

Hoy he visto una corrida grabada de Canal Plus, de Burgos. No sabría decir de qué año, aunque creo que era el año 2000. Toreaban Antonio Chenel “Antoñete”, Curro Romero y David Luguillano, con toros de Juan Pedro Domeq y Los Bañuelos.

Los toros eran pequeños, muy pequeños para una corrida de toros, aunque yo no comparta aquello de que el toro debe de ser de 600 kgs., pero 450 para una plaza de segunda que aspira a ser la “entrada del Norte” como comentaba la empresa, me parece, poco menos que sospechoso.

Pero eso no era lo que más me ha llamado la atención. He visto grandes toros de menos de 500 kgs. que han dado grandes triunfos.

Los cuernos de los toros, al mínimo encontronazo con nada, parecían una auténtica brocha de pintor de ”brocha gorda”.

Seamos serios. Ese es un toro “tocado”. El señor de Huesca, Torrelodones, o en este caso de Burgos, que paga su entrada, que vale lo mismo o más que en Madrid, tiene el mismo derecho a que la fiesta sea “entera”.

Puedo entender que un torero de alcurnia no quiera arriesgarse en una plaza de tercera, pero el aficionado “de tercera” tiene el mismo valor que el de primera, y si no, a ver si esos toreros podrían vivir solo toreando en plazas de primera.

La fiesta, nuestra fiesta, necesita un retoque, perdón, una revolución en profundidad.

Si las personas que tienen algo que ver en ella no hacen por ello, esto se muere.

Yo, por mi forma de ser, siempre he sido un defensor de las causas perdidas. Por casualidad, como suele suceder en estos casos, he empezado a colaborar con una nueva empresa taurina que se ha tomado como meta el llevar la feria de mi ciudad natal, Huesca, al lugar que, en otro tiempo tuvo, el de una de las ferias más importantes del norte de España.

Vaya por vosotros, Albahaca y Plata, mi brindis.

Espero que no me defraudéis, ni defraudaros, naturalmente, en mi labor como cirujano taurino.

Va por vosotros y por toda esa afición callada que sufre tantos y tantos desaires de la Fiesta.

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